Elegir un regalo para un niño es a veces un auténtico rompecabezas. Quieres que le haga ilusión, pero ya conoces la historia: el juguete de moda que acaba olvidado en el fondo de un armario a los tres días, el enésimo peluche que se suma al montón, el cacharro ruidoso que los padres aprenderán a detestar. A fuerza de repetirse, uno termina buscando otra cosa. Algo útil, que entretenga de verdad y que no cueste una fortuna.
Es justo entonces cuando se redescubren los valores seguros. Y colorear es uno de ellos.
Una actividad que nunca decepciona
Regalar material para colorear puede parecer corriente, casi demasiado sencillo. Y sin embargo, funciona siempre. Un niño que recibe rotuladores nuevos y un cuaderno bien lleno se pone manos a la obra en cuestión de un minuto. Sin instrucciones, sin pilas, sin la frustración de no entender cómo funciona.
Y, a diferencia de muchos juguetes, colorear aguanta el paso del tiempo. Se vuelve a ello un día de lluvia, durante un viaje largo en coche, o simplemente porque uno se aburre. También es una actividad que tranquiliza a los padres: calma, concentra y no hace ruido. Difícil encontrar algo mejor para un regalo que pone de acuerdo a ambas partes.
Por no hablar del lado pedagógico. Sujetar un lápiz, elegir los colores, cuidar los detalles: pequeñas habilidades que preparan para la escritura y alimentan la creatividad. Regalas un pasatiempo y, de paso, haces un favor.
El detalle que convierte un regalo normal en un regalo memorable
Donde la cosa se pone interesante es cuando se personaliza. Un cuaderno de colorear comprado en una tienda siempre servirá, pero se parece a otros mil. En cambio, un dibujo que muestra al propio niño, a su familia o a su mascota lo cambia todo.
Esa es la idea detrás de herramientas como Coloriboo: se parte de una foto y se obtiene una página para colorear de líneas nítidas, lista para imprimir. El retrato del gato, una imagen de las últimas vacaciones, una foto de toda la familia… El niño ya no colorea un dibujo anónimo, colorea su propio mundo. Y, claro, se encariña mucho más.

Cuando colorear se convierte en un objeto de verdad
Incluso se puede ir más allá de la simple hoja impresa. Coloriboo permite reunir varias páginas de colorear personalizadas en un auténtico libro encuadernado, enviado directamente a casa. El niño recibe entonces un objeto con su nombre, que puede hojear, guardar en una estantería y sacar cuando quiera.
Es precisamente eso lo que hace que un regalo sea bueno: algo que dura, que tiene valor sentimental y que se conserva. Un libro de colorear con la cara de la familia tiene todas las papeletas para acabar guardado mucho después de que se hayan rellenado las páginas, e incluso para ser regalado a su vez a unos abuelos encantados.
A la hora de elegir un regalo de cumpleaños, de Navidad o simplemente para dar una alegría, vale la pena tenerlo en cuenta. Solemos apuntar siempre a algo más grande, más sofisticado, más caro. A veces, un lápiz, una buena foto y un poco de personalización bastan para regalar algo que el niño recordará.




